Salida de la plaza Cataluña.

Duración desde 02:30 h. dependiendo de las paradas.

Hablar de las Ramblas es hablar del corazón de Barcelona. Esta popular avenida que discurre entre la Plaza de Cataluña y el puerto, de casi dos kilómetros de longitud, es un lugar alegre y cosmopolita, lleno de colorido que acoge a todo el mundo con los brazos abiertos, tanto a la gente de aquí como a los innumerables visitantes que la llenan durante el día y hasta altas horas de la noche.

Esta popular avenida recibe varios nombres. Al tramo superior, el que parte de la Plaza de Cataluña, se le conoce por el nombre de Rambla de Canaletas.

Por ella comenzamos a descender hacia el mar. Lo primero que encontramos en el andén central a mano derecha es la fuente del mismo nombre, de la que dice la tradición que quien beba de las aguas que manan de uno de sus cuatro chorros regresará a la ciudad. Es alrededor de esta fuente donde se reúnen los aficionados del Barça tras los partidos de su equipo para celebrar los éxitos o para filosofar sobre sus derrotas.

De la parte izquierda de la Rambla parte la calle de Santa Anna. Adentrémonos en ella, en el número 29 un portalón nos lleva hasta la bonita iglesia de Santa Anna, esta iglesia desconocida para muchos barceloneses por encontrarse escondida entre la Plaza de Cataluña y la calle de Santa Ana, inició su construcción a mediados del siglo XII en época románica, pero no fue terminada hasta tres siglos después ya en periodo gótico, por lo que en ella encontramos mezcla de los dos estilos.

En la capilla situada a la izquierda del ábside, pordemos ver la capilla de los perdones, del siglo XIV, un grupo de estatuas representan el Santo Enterramiento. Dice la tradición que ante estas estatuas se ganan las misma indulgencias que ante el Santo Sepulcro de Jerusalén. Notable es también la tumba del caballero Miquel de Boera, capitan general de galeras.

Retrocedamos lo andado y regresemos a las Ramblas.

Pasado el cruce con la Calle  del “Bon Suceés”, la avenida pasa a denominarse “Rambla del Estudis” (Rambla de los Estudios), denominada así porque en ella estuvo ubicado uno de los primeros edificios universitarios de la ciudad, también es conocida esta rambla por algunos, como “Rambla dels ocells” por la cantidad de pájaros que anidan en las ramas de los plátanos y también porque es en este espacio donde tradicionalmente se podían comprar pájaros, peces y otros animales domésticos. En este momento se está procediendo a la reconversión de estas paradas en puestos de helados, cocas y otros productos artesanos.

Uno de los teatros más conocidos por los barceloneses, el Poliorama, lo encontramos en este tramo, en su fachada un reloj marca desde 1891 la hora oficial de Barcelona. Si continuamos bajando, también a nuestra derecha veremos la iglesia de Belén en la esquina con la Calle del Carmen. Este antiguo convento de los jesuitas, que se incendió en 1671 y se reconstruyó en 1680, es un claro ejemplo del gótico catalán.

En el lado izquierdo, en la esquina con la calle Puertaferrisa, se levanta el Palacio Moja, o palacio del Marqués de Comillas, casona de estilo neoclásico que alberga en sus bajos una librería de la Generalitat en la que se pueden adquirir desde libros de pintura,  arquitectura, derecho catalán, historia reciente de Catalunña, planos, pósters…

Pero prosigamos nuestro caminar, pasada la calle del Carmen la avenida cambiará una vez más de nombre, ahora y sin darnos cuenta comenzaremos la Rambla de Sant Josep, también conocida como Rambla de les Flors (de las flores). No hace falta que digamos a qué debe su sobrenombre. Los numerosos kioscos en los que se venden todo tipo de flores, semillas y plantas nos brindan la respuesta. Ahora el aroma y colorido alegrarán aún más nuestro paseo.

En la Barcelona del siglo XIX era esta zona de las Ramblas el único lugar en el que se podían comprar flores y plantas. Aquí en uno de los puestos conoció el pintor Ramón Casas, introductor del impresionismo en Cataluña, a la que durante muchos años sería su modelo y que acabó convirtiéndose en su esposa.

En este tramo de las Ramblas podremos visitar El Palau de la Virreinaconstruido hacia 1772 y decorado con elementos barrocos y rococó, donde se celebran importantes exposiciones de pintura y escultura (la entrada es gratuita).

Al otro lado de la calle, en el número 94, se levanta el “Palau Nou de la Rambla”, edificio que cuenta con once sótanos de aparcamiento robotizado, la estructura del edificio permite ver  a través de una gran abertura el campanario de la vecina iglesia del Pi.

En seguida atrae nuestra atención un edificio mezcla de estilos y precursor del modernismo de finales del siglo XIX, obra del arquitecto Josep Vilaseca i Casanovas autor también del Arco de Triunfo barcelonés y de la Casa Enric Batlló, hoy Hotel Condes de Barcelona. Es la Casa Bruno Quadras, también conocida como “Casa dels Paraigües”. La construyó el arquitecto para Bruno Quadras quien tenía en aquel lugar una tienda de paraguas. Abanicos, paraguas, cuadros con escenas japonesas y un gran dragón sosteniendo un farol son algunos de los objetos que adornan la fachada de este original edificio.

En el andén central junto a los puestos de flores, encontramos kioscos de prensa abiertos día y noche, donde adquirir la prensa local recién salida de las imprentas y publicaciones de todas las puntos del mundo. También a lo largo del paseo numerosas estatuas vivientes despiertan la curiosidad del paseante, por sus indumentarias, su chispa y sus caracterizaciones en la mayoría de los casos muy cuidadas.

Justo en el “Pla de la Boquería” comienza la Rambla de Caputxins. Fue en este lugar donde en 1976 el artista Joan Miro ubicó su mosaico, muy cercano al Pasaje de Crédito en el que había nacido 83 años antes. En colores rojo, amarillo y azul, este mosaico pisado por millones de personas es de forma circular y pretende ser una representación del cosmos.

La primera calle que se abre a la derecha es la de Sant Pau, y si nos adentramos unos cien metros por ella encontraremos el Hotel España, con decoración obra del arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner, este hotel fue construido en 1859 y totalmente rehabilitado en 2010. Dentro del hotel se puede descansar en el Bar Arnau, o en la terraza Alaire, abierta al público en general de mayo a septiembre, disfrutando de un cóctel o un aperitivo, o comer en el restaurante del hotel, la Fonda España, dirigido por el conocido chef Martín Berasategui, considerado como uno de los cocineros más prestigiosos del mundo.

Retornando a Las Ramblas y siguiendo el descenso hacia el mar, inmediatamente tropezamos con el Gran Teatro del Liceo, el edificio es representación fiel del que se incendió el 31 de enero de 1994. Es actualmente el teatro más antiguo de la ciudad. Por su escenario  han pasado las más afamadas compañías de ballet y los más prestigiosos cantantes de ópera. Está considerado como uno de los teatros más importantes de ópera del mundo.

Frente al Liceo encontramos el Café de la Ópera, uno de los más antiguos de la ciudad. Inaugurado tal como lo conocemos en 1929, antes y desde finales del siglo XVIII funcionaba como hostal.

Poco más abajo y también a la derecha se abre la calle “Nou de la Rambla”, allí se levanta el Palau Güell del arquitecto Antoni Gaudí, construido entre 1885 y 1889 en piedra blanca  y con ornamentación modernista, que merece la pena ser visitado.

Poco más abajo, a mano izquierda, la calle Colón nos llevará a la vecina Plaza Real que ocupa el solar del antiguo Convento de Capuchinos. Los dos faroles que adornan la fuente central de Las Tres Gracias son obra del entonces joven arquitecto Antoni Gaudí. Tal vez esta plaza es un lugar apropiado para descansar tomándose una cerveza.

Pero regresemos a la Rambla. Si seguimos caminando llegamos a la Plaza del Teatro donde comienza la Rambla de Santa Mónica, este último tramo de la Rambla nos conducirá hasta la estatua de Colón y el puerto. En este tramo se sitúan caricaturistas, pintores y artesanos que venden sus creaciones.

En el lado derecho aún se mantiene el edificio del Teatro Principal, éste que fue el teatro más antiguo de Barcelona y uno de los primeros de España, decorado con medallones de terracota que nos recuerdan a artistas y cantantes del siglo XIX, lamentablemente en este momento se encuentra en estado de abandono. Frente al antiguo teatro podemos admirar una de las doce fuentes que Richard Walace, autor de numerosas fuentes parisinas, regaló al ayuntamiento de Barcelona con ocasión de la Feria universal de 1888. Mirando hacia la fuente al fondo en el Pasaje de la Banca está el Museo de Cera, ubicado en un palacete neocásico de finales del siglo XIX.

También en el lado derecho a algunos metros de las Ramblas podemos visitar el Museo Marítimo, alojado en “Les Reials Drassanes”, de estilo gótico civil. Estos astilleros  medievales son los más grandes que se pueden encontrar en todo el mundo.

Al final de las Ramblas ante nosotros se erige un monumento homenaje a Colón, la escultura del descubridor está sobre una gran columna y en su interior contiene un ascensor que sube a un mirador desde el que se pueden contemplar interesantes vistas de la ciudad.

Aquí ponemos fin a nuestro paseo por las Ramblas barcelonesas. El bullicio de la gente que la llena a todas horas, el canto de los pájaros, el aroma de las flores, la alegría de las numerosas terrazas que hemos encontrado a nuestro paso, la oferta gastronómica, los museos, la originalidad de los artistas ambulantes, los edificios que la jalonan… son algunas de las razones que nos hacen decir: que no caminar por las Ramblas es no haber visitado Barcelona.

Pero si aún hay alguien que quiera seguir un poco más, otra rambla, la Rambla de Mar nos llevará sobre el agua hasta el Muelle de España. Esta pasarela de madera inaugurada en 1994  nos conducirá hasta la zona conocida como Maremagnum, centro comercial y de ocio abierto todo el año. (En el momento de escribirse este artículo la pasarela no está en funcionamiento por obras de remodelación).

TwitterFacebookGoogle+PinterestLinkedInEmail